Seguimos con los reportajes sobre Club Bilderberg durante la semana de sus reuniones. Esta vez, VANITY FAIR, nos ha hecho un extensísimo reportaje sobre Bilderberg.
Daniel Estulin

Artículo Vanity Fair | Por ANDRÉS GUERRA | 31 de mayo de 2012
Ayer jueves 31 de mayo ha dado comienzo la reunión anual del Club Bilderberg en Virginia (EE UU) Los encuentros, a los que acude la Reina Sofía como miembro permanente, entre otras personalidades, se realizan con el máximo secretismo y en ellos se decide qué ocurrirá en el mundo en los próximos años. Vanity Fair ha tenido acceso a documentos y fotos inéditas del Club.

La Reina Sofía es miembro permanente del Club© Vanity Fair
Toronto, 1992. En el restaurante español Segovia, que regenta Inocencio González, Daniel Estulin se encuentra cenando. Charla de política internacional con un agente doble de la KGB. Se conocen porque el abuelo de Estulin fue coronel en ese servicio e íntimo amigo del padre de su interlocutor. El espía, mientras come un chuletón con patatas, le explica que en las elecciones de 1995, los partidos tradicionales canadienses sufrirán una debacle que llevará a los extremistas al poder. Algo completamente inesperado. Pero sucedió: en esas fechas, la región de Quebec estuvo a punto de conseguir su independencia en referéndum. La primera fase de un ambiciosísimo plan, tratar de partir Canadá, nació en un despacho de la administración Reagan y fue aprobada por el misterioso Club Bilderberg. ¿El motivo? EE UU quiere explotar los ingentes recursos de Canadá y ha trazado una operación a largo plazo: formar un solo país con su vecino del norte dominado, naturalmente, por las élites del país de las barras y estrellas.
Ellos deciden cuándo y cómo aumentar el precio del petróleo, cuándo debe acabar una guerra o por qué conviene provocar una crisis global.
¿Qué es el Club Bilderberg? Lobby, grupo de presión, reunión de líderes mundiales, mesa de discusión al más alto nivel… Casi cualquier definición, en términos sencillos o locuciones shakesperianas, es insuficiente para calificar el poder que acumula ese selecto cónclave de políticos, financieros y medios de comunicación. Por decirlo de una manera gráfica, son quienes mueven los hilos. El Club debe su nombre al hotel que albergó la primera reunión, en 1954. La iniciativa parte del príncipe Bernardo de Holanda, debidamente estimulado por David Rockefeller, para que las élites europeas trabajasen de manera coordinada con Estados Unidos. Durante un fin de semana, debaten el estado del mundo y deciden convocar una reunión anual para no solo analizar sino también determinar. Para trazar el futuro de la Humanidad en función de sus intereses de clase. En adelante, lo que decide el Club Bilderberg, simplemente ocurre. ¿Cuál es su máximo interés? La Empresa Mundial S. A., como sofisticación semántica del Gobierno Único (el poder financiero es quien dirige la política, también a ese nivel) pretende imponer a largo plazo un solo sistema político y económico. Por ejemplo, el euro –ahora en entredicho– es una de sus más ambiciosas creaciones. Ellos deciden cuándo y cómo aumentar el precio del petróleo, cuándo debe acabar una guerra y dónde debe empezarse la siguiente, quién debe ser el próximo candidato a presidente o por qué conviene provocar una crisis global, como la que vivimos ahora. Todos los movimientos son piezas de un descomunal puzzle.
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