
Preguntas y respuestas de la vida de un investigador incansable.
- ¿Algún lugar favorito en el mundo?
- Italia, Toscana, como no. Más concretamente, Florencia. En Asia, me encanta la isla de Phuket. El África, toda la zona del lago Victoria.
- ¿Alguna costumbre de la que no pueda prescindir?
- Pensar. Cuando trabajo en mis libros, incluso al terminar mi trabajo diario, no puedo no seguir pensando en el libro. Los personajes, son seres reales, las llevas contigo dentro meses, si no años, mientras trabajas la obra. La Conspiración Octopus, es el fruto de 4 años de trabajo. ¡Así que imagínate! Muchas veces, en alguna escena difícil, no te dejan dormir. Sueñas con ellos. Buscas forma de acoplarles mejor. Te piden atención, pelean por tu atención, casi a gritos. Demás, escribir es un trabajo muy solitario. Estas tú y tu ordenador o papel, pero no es un trabajo de orquestra, por ejemplo, donde hay varias docenas de músicos trabajando juntos en la creación de la obra.
- ¿Alguna vez se ha sentido bloqueado? En tal caso, ¿cómo lo ha superado?
- Nunca. Me falta manos, brazos y tiempo para poner todo lo que quiero hacer. El escritor, incluso escritor de no ficción debería tener mucho que decir. En mis libros de no ficción enseñaba a la gente un mundo oscuro poblado por gente perversa que llevan siglos intentando de someternos. En mi primer libro de ficción, utilizo este mundo de investigación como telón del fondo para crear una historia bella sobre el ser humano, nuestros valores, sentido de dignidad e inmortalidad contra el telón del fondo de desplome financiero mundial.
- ¿Cómo descubrió su vocación?
- Escribía de adolescente. Cuentos de niños, poemas. Luego, a partir de los 19 años, empecé escribir poesía de verdad. Lo más difícil de la poesía es la visualización de las cosas que describes. Por ejemplo, pocas personas están conscientes de que el que mejor “veía” a las mariposas en tres dimensiones era el Nobel de literatura, el ruso, Ivan Bunin. Casi nadie sabe que escribía poesía maravillosa. Le conoces por sus cuentos, pero su verdadera pasión era siempre poesía. Después publicaba muchos artículos en Canadá a principios de los años 90 sobre música, literatura, poesía. Por aquel entonces, no podía ni imaginarme de que dentro de poco estaría dedicado a comentar temas políticas, hasta que en 1992 cambió mi mundo. Es un episodio muy conocido para los lectores de mis libros. Un amigo de mi abuelo, un agente doble de la KGB y MI6 británico, me llamó un día y en la comida me contó cosas que a cualquier persona normal le parecería raro, por decir algo. Entre patata y patata (¡nunca he visto a nadie comer tanto!) me relataba como Quebec, la parte francófona de Canadá iba a separarse del resto del país en el año 1995 (tres años en el futuro) porque hombres muy poderosos necesitaban “una mejor cuenta de resultados”.
Supuestamente iban a crear un Greater North America a través del Tratado de Libre Comercio. Le miraba como a un loco, pero como pagaba una comida muy buena en un restaurante español Segovia en Young St., pensé “bueno, nada, es divertido. Siempre tendré historias por contar a los amigos.” Hasta que en 1995 Canadá estaba a punto de separarse. Entonces, me di cuenta de que si los Presidentes no Presiden, ¿Quién gobernaba el mundo? Y, así, empezó todo este recorrido por los rincones más oscuros del universo paralelo de espejos y humo. - ¿Cómo vive la soledad del escritor? ¿Va compartiendo capítulos con alguien?
- Nunca me siento solo escribiendo. Me acompañan todos mis personajes, sobre todo en este último libro de ficción basado en una realidad espantosa y muy peligrosa. No comparto nada con nadie hasta que termino la obra. Puedo compartir con mi mujer una escena maravillosa y artísticamente digna, pero nunca el contenido del libro. No conozco a muchos artistas que enseñas los trapos de algo inacabado.
- ¿Es diestro o zurdo?
- Escribo con la mano derecha, aunque con ordenadores, la gente ya no son ni diestros ni zurdos, sino ambidextros.
- ¿Es ese su nombre verdadero?
- Sí, lo es. No utilizo ningún apodo o Nick raro, como “Anónimo” o “Dr. Muerte” o “Caballero Oscuro.” Tampoco entiendo muy bien porque la gente en chats y blogs utilizan nombres y nicks tan verdaderamente raros. ¿Qué pasa, no les gusta sus nombres?
- ¿Por qué y para qué escribe Daniel Estulin?
- Como decía Vladimir Nabokov, mi público preferido, soy yo. Siempre escribo para mí. Obviamente, tengo muchos lectores a quien les gusta muchísimo leer mis libros de investigación, pero todo lo que hago, por encima de todo, lo hago para satisfacer mis inquietudes.
- ¿Qué consejos daría a un escritor novel con ganas de empezar a publicar?
- Leer, leer, leer. No solamente el cuento o la aventura, sino entender la estructura, giros literarios, el uso de imagines, forma de envolverlo, todo. Lo menos importante en una novela es la historia. Da exactamente igual a quien matan, o violan, quien se casa con quien. No son libros de no ficción o del periodismo de investigación. Libros de ficción son fantasías y existen solamente entre la portada y la contra portada del libro. También existen en la mente del escritor. Pero son fantasía y cuando más grande es el arte del escritor, más universal es la fantasía. Por eso, obras como Ana Karenin, Madame Bovary, La Divina Comedia, Fuego Pálido de Nabokov vivirán hasta que se acaba el mundo.
- ¿Qué lleva en sus bolsillos?
- Nada, nunca. Odio tener cosas pegadas a mi pierna.
- ¿Qué tal lleva la crítica? ¿Cómo le afecta en su siguiente trabajo?
- Muy bien. No me afectan ni los halagos ni la crítica feroz. Como escribo para mí, no condiciona mi próximo libro.
- ¿Tiene alguna manía a la hora de escribir? ¿Alguna rutina?
- No, generalmente, estoy vacunado de las manías. Cuando escribo, no pongo camiseta azul al revés, ni como un pepino dos horas antes para activar a las neuronas. Tampoco tengo lo que en inglés se llama “Writer´s Block” cuando uno se encuentra en la situación de no tener nada que decir. Yo tengo mucho que decir, quizás demasiado. Hay gente que escriben con música, otros en la cama, otros de pie, que es caso de mi escritor favorito, Nabokov, el autor de Lolita y muchas otras obras inmortales de literatura. Me pongo delante mi ordenador, cierro la puerta a mi despacho, tecleo la contraseña (que a propósito es cifrada) y…9 horas más tarde apago el ordenador y cambio el chip.