Hace dos días, el periódico tailandés THE NATION, publicado en inglés y generalmente considerado como órgano de propaganda de la DEA en Tailandia, sacó un artículo sobre la lucha por los cambios políticos en Birmania, liderada otra vez… por los monjes. El artículo consistía de tres párrafos, citando fuentes en los servicios de espionaje estadounidense y personas del Departamento de Estado norteamericano. ¿Qué tienen en común Afganistán, Birmania, los documentos “secretos” de WikiLeaks y Hamid Gul el general jubilado y ex jefe de los servicios secretos Paquistaní (ISI por sus siglas en inglés)? DROGA.

En los años 80, general Gul era el coordinador de la guerra de los mujahadeen contra las tropas Soviéticas. La guerra, a propósito, financiada por la CIA a través del negocio de la droga. En los documentos de Wikileaks, a Gul se le pintan como colaborador de los Talibán y de Al-Qaeda, además de ser el coordinador de los ataques suicida contra las tropas de OTAN en Afganistán. ¿Por qué los supuestos documentos secretos de Wikileaks se ceban con un viejo general de 74 años? Gul ha cometido un “error” imperdonable en junio 2010 cuando en una entrevista local saco a la luz el papel del ejercito estadounidense en la venta de heroína Afgana a través de su base top secret Manas en Kyrgyzstan. El papel del ejército americano en negocio de la droga está más que documentado, desde la guerra de Vietnam, (guerra entre sociedades secretas por el control de las rutas de drogas a pesar de todo lo que os ha contado los libros de “historia”) pasando por America Latina y Oriente Medio. Con la economía mundial a borde de desintegración, la droga se ha convertido en el negocio imprescindible para sostener algo insostenible. Gul es una persona non grata en Washington, no solamente por sus comentarios sobre la droga sino por sus declaraciones 26 de septiembre 2001 sobre el papel de Mossad en los atentados del 11 de noviembre (9-11)


