Mientras que viaja por el país y alrededor del mundo, reclamando el crédito por la muerte de Osama bin Laden, el Presidente Barack Obama ha venido forjando una alianza a fondo con Al-Qaeda para derrocar primero al gobierno de Libia y ahora al gobierno de Siria. La política insensata e ilícita de aliarse con los perpetradores del 11 de septiembre de 2001 y luego el 11 de septiembre de 2012, para emprender una guerra sin la autorización del Congreso en violación de la Constitución de Estados Unidos, es lo que lleva al peligro inmediato de desatar una guerra mundial, la cual ahora solo podría significar guerra termonuclear.
Este es “el elefante en la sala” que explica por qué el gobierno de Obama ha mentido y encubierto los hechos reales sobre los sucesos en Benghazi. La política de aliarse con Al-Qaeda y encubrir esa alianza y sus consecuencias, constituye en verdad una ofensa que amerita juicio político. La cuestión es si los miembros del Congreso tendrán el valor de luchar por la verdad y por la justicia a nombre de las victimas de esta política criminal.

